Autor: Rodrigo A. Debia Riquelme
El océano que ya no escuchamos
El tránsito global de buques mercantes se ha multiplicado al ritmo de una economía cada vez más interconectada, y con él ha crecido el ruido submarino: una contaminación invisible, persistente y, hasta hace poco, prácticamente invisible para la regulación internacional. Estimaciones recientes indican que los niveles de ruido ambiental en frecuencias bajas se han duplicado por década en algunas regiones desde mediados del siglo XX. Para los cetáceos - que evolucionaron durante millones de años en un medio donde el sonido viaja cinco veces más rápido y mucho más lejos que en el aire - las consecuencias son profundas.

Un mundo construido con sonido
Las ballenas, delfines y marsopas dependen del sonido para casi todo lo que hacen. Las grandes ballenas barbadas, como la azul o la de aleta, emiten cantos de muy baja frecuencia que pueden recorrer cuencas oceánicas enteras y que cumplen funciones reproductivas, de cohesión social y de orientación a gran escala. Los odontocetos, por su parte, utilizan ecolocalización en frecuencias mucho más altas para cazar, navegar y mantener el contacto con sus grupos.

Cuando un buque mercante de gran porte atraviesa una zona de alimentación o un corredor migratorio, su firma acústica - dominada por el ruido de cavitación de las hélices y la maquinaria interna - se propaga durante kilómetros. Ese ruido se concentra precisamente en las bandas de baja frecuencia donde se comunican las ballenas más grandes del planeta.

Los efectos: comunicación, navegación y alimentación
La evidencia acumulada en las últimas dos décadas describe un cuadro consistente. En primer lugar, el ruido enmascara las señales acústicas: una ballena que emite un canto en presencia de tráfico ve reducido su rango efectivo de comunicación de manera significativa, en algunos casos en más del noventa por ciento. Las parejas se separan, los grupos pierden cohesión, las madres y crías tienen más dificultades para mantenerse en contacto.

En segundo lugar, los animales modifican su conducta. Estudios con hidrófonos y dispositivos de seguimiento han documentado que muchas especies elevan el volumen de sus llamadas, repiten más veces sus señales o cambian la frecuencia para intentar ser escuchadas. Otras simplemente dejan de vocalizar mientras dura la perturbación. En cachalotes y zifios se han descrito interrupciones de la alimentación profunda asociadas a fuentes de ruido intenso.
En tercer lugar, hay efectos fisiológicos. Investigaciones realizadas tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 - cuando el tráfico marítimo en la costa este de Norteamérica se redujo bruscamente - mostraron una caída de los niveles de hormonas del estrés en la ballena franca glacial. Es uno de los pocos experimentos naturales que han permitido medir, en condiciones reales, lo que el silencio significa para un cetáceo.
Las medidas: del corredor silencioso a la hélice rediseñada
La buena noticia es que el ruido del tráfico marítimo, a diferencia de otros contaminantes, desaparece tan pronto como cesa la fuente. Esto abre un abanico de medidas con efecto inmediato.
Los corredores silenciosos, o el redireccionamiento de las rutas para alejarlas de hábitats críticos, han demostrado su utilidad en lugares como el estrecho de Juan de Fuca, frente a la costa oeste de Canadá, donde habita una población residente de orcas en peligro crítico. Cuando los buques se desvían unos pocos kilómetros, el alivio acústico para los animales es notable.

La reducción voluntaria de velocidad es otra herramienta probada. Disminuir la velocidad de un portacontenedores de veinte a once nudos puede reducir su emisión sonora en varios decibelios, una diferencia enorme en una escala logarítmica. Programas como ECHO en Vancouver o las iniciativas en el Mediterráneo francés han mostrado adhesiones crecientes de las navieras, en parte porque la reducción de velocidad también disminuye el consumo de combustible y las emisiones de carbono.
En el plano técnico, el rediseño de las hélices para minimizar la cavitación (https://ecosistemastartup.com/helices-silenciosas-alemania-ataca-la-cavitacion-marina/) — el fenómeno por el cual se forman y colapsan microburbujas que generan la mayor parte del ruido — es probablemente la palanca con mayor potencial a largo plazo. Hélices con perfiles optimizados, sistemas de inyección de aire, recubrimientos del casco y un mejor mantenimiento pueden reducir la firma acústica de un buque entre cinco y diez decibelios. La Organización Marítima Internacional adoptó en 2014 unas directrices voluntarias sobre ruido submarino que están siendo revisadas y reforzadas.

Aspectos Clave de la Grabación de Ruido Submarino
- Fuentes del Sonido: El ruido es generado principalmente por motores, hélices y, específicamente, por la cavitación (burbujas de aire que colapsan).
- Tipos de Buques: Los barcos mercantes grandes generan sonidos de baja frecuencia, mientras que embarcaciones pequeñas y rápidas tienen firmas acústicas más altas (290-500 Hz).
- Impacto Ambiental: Esta "contaminación acústica" interfiere con la comunicación, alimentación y navegación de ballenas y peces.
- Tecnología de Grabación: Se utilizan hidrófonos fijos y, más recientemente, cables de fibra óptica mediante la Detección Acústica Distribuida (DAS) para monitorear el tráfico marítimo.
Lo que está en juego
El ruido oceánico no es un problema estético. Para especies cuya supervivencia depende de la capacidad de encontrarse, comunicarse y alimentarse a oscuras, cada decibelio cuenta. Reducir el ruido de los buques mercantes es una de las pocas medidas de conservación que ofrece beneficios casi inmediatos, compatibles con el comercio marítimo y, en muchos casos, alineadas con los objetivos de descarbonización del sector.
Devolverle al océano una parte de su silencio puede ser, en última instancia, una manera concreta y verificable de devolverles a los cetáceos algo que les hemos quitado sin pedirles permiso: la posibilidad de oírse entre sí.
Sanctuary Soundscape Monitoring Project. La NOAA y la Armada de los Estados Unidos están trabajando para comprender mejor el sonido submarino dentro del Sistema Nacional de Santuarios Marinos. Durante los próximos años, estos organismos colaborarán con numerosos socios científicos para estudiar el sonido en siete santuarios marinos nacionales y un monumento nacional marino, que abarcan aguas frente a las costas de Hawái y las costas este y oeste. Mediante mediciones estandarizadas se evaluarán los sonidos producidos por los animales marinos, los procesos físicos (por ejemplo, el viento y las olas) y las actividades humanas.
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